Macacha Güemes, la heroína salteña


7 junio, 2019


La estrecha relación de Macacha Güemes con su hermano Martín venía de la infancia, de la época de los juegos y las largas cabalgatas por los pedregosos caminos salteños. 

La estrecha relación de Macacha Güemes con su hermano Martín venía de la infancia, de la época de los juegos y las largas cabalgatas por los pedregosos caminos salteños. La niña aprendió a leer a los cinco años, poco frecuente para la época, y su maestro fue su padre, algo también poco habitual. Se interesó por la música y estudió flauta y piano.

Desde 1810, los hermanos Güemes estuvieron entre los primeros partidarios salteños de la revolución, en contra del gobernador Nicolás Severo de Isasmendi. Cuando llegó a la provincia la expedición al Alto Perú comandada por Castelli y Balcarce, organizaron milicias de apoyo, que en los años siguientes se convertirían en los “Infernales”.

 La primera aparición pública de Macacha tiene que ver con la activa defensa de su marido, el capitán Román de Tejada, que había sido confinado a Famatina por ofender a un camarada de armas. Macacha hizo un enérgico reclamo y logró que cesara su condena.

A pesar de resistir nueve invasiones de los ejércitos españoles, a pesar de ser la pieza clave en la retaguardia de San Martín, o quizás por eso, las historias oficiales lo sepultaron bajo el mote de “caudillo popular”.

Pero ahí andaba don Martín, obstinado en vivir y pelear, en ser el “Padre de los Pobres” diciéndoles a los generales del imperio: “Yo no tengo más que gauchos honrados y valientes. No son asesinos sino de los tiranos que quieren esclavizarlos. Con estos únicamente espero a Ud., a su ejército y a cuantos mande de España”.

Y ahí andaba doña Macacha, junto a su hermano –no detrás como le hubiese cabido según los oficiales de la Historia a “toda gran mujer”– en las campañas, encargándose de coordinar las acciones de espionaje llevadas adelante por mujeres como Celedonia Pacheco de Melo, Juana Torino, María Petrona Arias, Andrea Zenarruza de Uriondo y doña Toribia la Linda, acompañadas en aquellas misiones por ancianos y niños.

En sus acciones, Güemes debió enfrentar a una parte importante de la elite salteña, más dispuesta a acordar con los realistas que a tolerar el poder del “gauchaje”. El 5 de mayo de 1815, la voluntad popular lo consagró gobernador de Salta –fue el primer electo y no designado a dedo por Buenos Aires en lo que hoy es territorio argentino–, lo que inició un período de enfrentamientos civiles que se superponían con la guerra contra las fuerzas del rey.

Mientras su hermano se encontraba al frente de sus “Infernales” fuera de la ciudad, las riendas del gobierno salteño estuvieron en manos de Macacha, quien una y otra vez se encargó de desbaratar conspiraciones en su contra. Cuando los opositores a Güemes organizaron en 1819 el partido Patria Nueva, Macacha se encargó de crear, con José Ignacio Gorriti, la Patria Vieja, que asegurará el poder hasta la muerte del caudillo, en junio de 1821.

Tras la muerte de su hermano, Macacha siguió al frente de Patria Vieja, del que participaban otras mujeres, como su madre Magdalena Goyechea y sus sobrinas Cesárea y Fortunata de la Corte. En medio de las disputas por el poder entre miembros de la elite, en septiembre de 1821, Macacha, su madre, su esposo y otros “güemistas” fueron detenidos. Se produjo entonces la Revolución de las mujeres, en las que el “gauchaje” se sublevó y saqueó la ciudad de Salta para poner en libertad a la madre y la hermana del caudillo, que para entonces era apodada “Madre del Pobrerío”.

Macacha continuó participando en esa agitada vida hasta 1840. Para entonces se había convertido en una figura reconocida más allá de las banderías políticas. Murió en su querida Salta el 7 de junio de 1866, a los 89 años.

Fuente: Clarín

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