Jorge Rojas: cómo lo afectó la pandemia, qué piensa de las críticas y los miedos después de dejar a Los Nocheros


8 noviembre, 2021


El cantante le contó a LA NACION que sufrió un bloqueo en los primeros meses del aislamiento.

“Flores sin espinas, de esas quiero yo. Las que hacen sufrir lejos de mí las quiero…”. Jorge Rojas canta sentado en su estudio de grabación de Anisacate, a unos 45 kilómetros de la ciudad de Córdoba. En ese mismo predio vive hace más de una década y allí pasó toda la cuarentena. En ese, uno de sus lugares en el mundo, prepara los recitales que ya empezaron en el interior y que el 20 y 21 de noviembre lo llevarán al Gran Rex para presentar Viaje, su último trabajo.

Pese al trabajo intenso de promoción, está relajado y con ganas de hablar, algo que hace -dice- “solo cuando tenemos algo para comunicar”. Durante la charla con LA NACION tres veces empieza a cantar con la misma naturalidad con la que viene conversando. No duda en reconocer que el inicio de la pandemia frenó su proceso creativo. Simplemente no podía escribir.

El parate afectó un viaje que tenía preparado por Latinoamérica para “aprender” e intercambiar experiencias pero, a la vez, asegura que lo “renovó”, le cambió la percepción de “muchas cosas” y esa nueva etapa comenzará a reflejarse en su música.

-¿Viaje a dónde, fue con o sin GPS?

-Fue un poco así, sin saber a dónde. Cuando pasan muchos años escribiendo aparece la necesidad de renovar vivencias y experiencias. Había llegado a ese punto. Para escribir lo que pasa en el entorno es muy importante: el paisaje, lo social, lo cultural… Llevaba muchos años en el mismo lugar, con las mismas cosas y sentía que necesitaba algo inspirador.

-¿Este “viaje” no empezó con Mi cantar” y con una recorrida por Latinoamérica?

– Aquello me abrió una ventana, una puerta. Encaré un viaje con tiempo, buscando otros rincones, metiéndome mucho a donde la gente vive. Buscando sin prejuicios, amplié la mirada. Grabé, hice talleres y de la mano de buenos amigos que me sacaron del circuito turístico conocí las raíces musicales…

-¿Te gusta ese circuito no profesional?

-Trae nuevas cosas; te explota la cabeza. Cada país tiene su realidad política y social, su paisaje, su color, su baile, su ritmo. Ese viaje fue una vivencia hermosa que iba a retomar el 24 de marzo del año pasado y unos días antes se cortó todo, el disco quedó trunco. Llegaba a lugares y terminábamos enredados en un momento hermoso. Lo creativo es como jugar, das un pase y te devuelven. Me abrió mucho la cabeza.

-Llegó el coronavirus y el encierro y ¿qué pasó?

-Fue otro viaje, tan distinto en lo emocional. Pasamos por tantos estados, no podía escribir, intenté hacerlo, pero tenía mucha angustia, incertidumbre, miedo.

-¿A qué?

-Me angustiaba mucho la situación de otros, de que les pasara algo a los míos y no me pudiera mover, de que no hubiera nada que pudiera hacer. El movimiento era nuestra manera de ayudar, era ir, estar, acompañar. Como para todos, fue angustiante.

-¿Cuándo aflojó, cuándo volvió la inspiración, el trabajo?

-Fui asimilando, adaptándome. Empezaba algo, pero nada me gustaba hasta que, en un momento del invierno, de golpe, llegó la primera canción.

-¿Cuál fue?

-”Entre espinas y flores”, una síntesis de lo que me había pasado. Son 11 estrofas, pero quedaron cuatro porque eran demasiado duras. Salió todo lo oscuro y a veces no es tan bueno que sean tan crudas las canciones. Mi alma sabe lo que fue ese período. Es una linda canción, pero si desmenuzás es dura.

-¿La pandemia te cambió tanto la percepción?

-Totalmente, me cambió todo, la percepción de muchas cosas. Repensé el tiempo que le das a las cosas, a los afectos que son los más valiosos. En este tiempo algunos afectos se afianzaron y otros se diluyeron.

-¿Alguna vez, en una pesadilla, pensaste que vivirías una situación así?

-Esto no, fue un huracán, se nos movió el mundo. Mis miedos siempre tenían que ver con la pérdida de un afecto, en pensar cómo seguir después de eso. Una cuarentena es otra cosa, es perder lo más preciado que tenemos que es la libertad. Todo queda trunco, te hace volver para atrás…

-¿Cantabas?

-Los primeros meses muy poco. Con el tiempo fue ocurriendo naturalmente. Fue como un bloqueo total hasta que empecé a agarrar la guitarra, a tocar y a hacer música. Sí escuchaba, escuchaba a todos. A todos nos pasó diferente, algunos nos sentamos inmóviles, experimentando todo sin tener demasiada reacción pero, a la vez, me sentía muy activo y pensaba: ‘Debería saber más cosas’.

-¿Saber qué?

De todo, de la relación de lo humano con la naturaleza. Ese vínculo es muy fuerte, tuve una regresión a esos momentos de gurí, en pleno contacto con la naturaleza. Afirmé ideas que se irán activando. Empecé por casa, acá se producen alimentos, se vive en armonía con la naturaleza, se siembra, se cosecha, se cuida, se respeta el medio ambiente. Tengo ganas de comunicarlo, será una nueva etapa de mis canciones. Una etapa pospandémica. Hice cursos -no quería que nada se me escapara- y empezaron contactos con los activistas que son muchos y muy valiosos.

-Colaborás desde siempre con el Chaco Salteño, donde vive tu familia, ahí siempre te ocupaste del vínculo con la naturaleza…

-Esto va más allá, no se trata de no deforestar. Allí se logró muchísimo, pero no alcanza. Tenemos que ser más amplios, alcanzar a todo el Chaco Gualamba, que abarca a seis provincias, a todo el Amazonas. Debemos seguir tendiendo redes, creando una conciencia global. Pienso mucho en qué dejarles a mis hijos, pero en el sentido de qué enseñarles, dejarles hitos. Lucía, de 7 años, cosecha, le gustan los animales y Franco, de 3, anda por el gallinero. Están en contacto con la naturaleza, la disfrutan.

-¿Tu infancia también fue con ese contacto?

-Era muy para adentro, muy tímido, me costaba comunicarme, pero vivía en pleno contacto con la naturaleza, ahora reafirmo lo que naturalmente sabíamos allá. En el lugar donde me crie -a 200 kilómetros de Tartagal- nunca tuvimos luz, no teníamos desechos. En la casa de los bisabuelos no había nada tirado, todo se transformaba. La humanidad llegó a este punto haciendo mucho daño, pero tenemos la posibilidad de volver a un camino mejor. Voy a seguir con el Chaco Salteño, pero desde otro lado, más profundo, convencido de que ellos mismos pueden transformar su realidad. La primera ayuda fue ir a los hechos, a cubrir la necesidad, ahora buscaré entregar otras cosas, que puedan hacer por sus propios medios.

-Estarás en varios festivales, ¿extrañaste los recitales?

-El verano pasado cuando se abrieron algunos aforos, hicimos cuatro funciones en el teatro de Alta Gracia, me costaba viajar. Me hicieron mucha falta las actuaciones, sin ellas no se completa el proceso. Una canción es comunicación, la música me hizo feliz en soledad, pero me hace feliz entregarla.

-¿Te importan las críticas, las reacciones cuando presentás un trabajo?

-Por muchos años sí, ahora pienso que si mi música hace bien, es muy bueno, pero si no aprendí a aceptarlo con mucha humildad. Somos todos diferentes. Si hago una canción que a alguien lo conmueve, lo hace recordar, reír, bailar, le despierta una emoción es muy valioso…

-Cuando decidiste convertirte en solista, ¿tuviste miedo? Te separabas del éxito de Los Nocheros…

-Obvio. Siempre hay miedo cuando enfrentás lo desconocido, la clave está en mantener la fe, en creer en uno.

-¿Disfrutás de cantar con otros, de que te inviten, de invitar?

-A veces es difícil esa parte. En general los que invitan son artistas emergentes que necesitan y los re entiendo porque cuando era gurí yo también soñaba en cantar con otros conocidos.

-¿Con quiénes?

-Me conmovía el canto de Daniel Toro, de Los Carabajal. Eran muy cercanos a mi paisaje, a mi vida cotidiana. Esa narrativa natural del monte; escuchaba a Los Manceros y pensaba: “Estos deben vivir por acá”. “‘Como pájaros en el aire’ de Peteco…” Yo tenía 10 años y creía que se la había hecho a mi mamá, que la conocía. Se lo conté a él. En este mismo lugar, Peteco me dejó la canción “El Niño”, vino a compartir un rato y se quedó tres días.

-¿Con quiénes cantás de memoria como una juntada de amigos?

-Eso es lo lindo, cantar sintiendo que uno da un pase y le devuelve una rabona. Con Rally Barrionuevo, con Jairo. Rally vino un día y había un cancionero viejo, empezamos a cantar y lo hicimos todo, hoja por hoja. Con Peteco, sería su primera voz encantadísimo. Abel (Pintos) vino, hicimos una pasada y encima se grabó; con la Sole (NR: Soledad Pastorutti)… Son artistas muy queridos para mí. Me gusta cantar con mis hermanos, hemos logrado un sonido con Alfredo y Lucio, el color del trío tiene magia, es reconfortante.

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