Una salteña creó un sistema económico para filtrar aguas grises y usarlas para regar plantas y árboles


28 julio, 2019


En Floresta están los primeros prototipos que ideó Palmira Blanca Fernández.

Sobre la ladera en que se apoya el barrio populoso de Floresta, en el este de la ciudad de Salta, Palmira Blanca Fernández (34) veía correr el agua que sus vecinas habían usado para bañarse, lavar la ropa y las zapatillas. Ella sabía el valor del agua porque recién desde noviembre último Floresta está conectada a la red, gracias a una obra millonaria que hizo, después de más de 60 años en que la barriada no gozara de este derecho.
El vecindario se organizó, hizo cortes de ruta y tocó las puertas de decenas de funcionarios para acceder al servicio. “Fue una lucha nuestra”, contó, orgullosa, a El Tribuno. Con la actual gestión de Aguas del Norte lograron firmar un convenio para que se hiciera una ampliación de la red para que casi todos accedieran. Los únicos que no lo lograron son quienes se asentaron en la parte superior del barrio, donde el servicio no es factible.
Al acceder al agua corriente, surgió otro problema en la parte alta de Floresta. Como en esa zona no hay cloacas -en la parte baja, sí-, las aguas grises van a parar a la calle, donde, sumadas a la falta de asfalto y a la pendiente inclinada, generan un gran lodazal.
Palmira tiene un hijo de 14 años de edad y una hija de 7. Por eso y porque siempre recorre los merenderos y comedores de su barrio, sabía que los niños y las niñas tenían infecciones y granos. Al consultar a la directora del centro de salud, supo que eso se debía a la contaminación que genera el barro podrido por las volcaduras de aguas servidas.
Al relatar esto, recordó que el año pasado, cuando hicieron el festejo por el Día del Niño en la parte más alta de Floresta, vio cómo corría el agua. En ese momento, le preguntó a la encargada por qué, en vez de tirarla así, no la echaban a las plantas.
“Era un desperdicio y un foco de infección para los niños”, relató Palmira. Entonces, empezó a investigar cómo se podría reusar el agua que estaba sucia con jabón o con grasa. Al buscar en Internet, encontró proyectos peruanos y chilenos de lugares donde el agua escasea, pero los filtros que vio eran muy costosos.

Se reunió con ingenieros del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y de Aguas del Norte para que la asesoraran para crear un filtro de agua que fuera económico y movible. Así, llegó a armar dos prototipos que cumplen funciones diferentes. El filtro de un solo paso limpia el agua alrededor de un 40 por ciento y esta puede usarse para regar árboles y plantas florales. El filtro de tres pasos -con una planta acuífera que ozoniza el agua- permite regar especies aromáticas y hortalizas, que luego se pueden consumir.
Palmira explicó que los filtros son muy básicos y que no es difícil hacerlos. Sin embargo, ella dedicó mucho esfuerzo a lograr el modelo definitivo y tuvo que aprender cuestiones técnicas, como a manejar el pegamento para caños y codos de PVC. Para hacer el de un solo paso, ingresó un grifo a un balde y lo pegó. Allí colocó el filtro, que es de algodón, grava, arena y grava. El de tres o cuatro pasos está compuesto por tres o cuatro tachos respectivamente. El primero decanta el agua jabonosa o grasosa. El segundo tiene el filtro de algodón, grava, arena y grava. El tercero, una planta acuífera con agua y, el cuarto, una planta acuífera con grava. De allí, el agua sale cristalina: “No solo la limpia, sino que también la purifica”. Aseguró que todos los elementos se consiguen de manera fácil y que son accesibles.

 

Fuente: El Tribuno de Salta

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