Salta y el 17 de junio


15 junio, 2021


Ciertamente, es un tanto complicado expresar con exactas palabras lo que la enorme mayoría de los salteños sentimos cuando se aproxima un 17 de junio.

Desde hace ya dos siglos quedó estampada esta fecha, como parte indivisible de nuestra historia y que nos recuerda en la figura del General Martín Miguel de Güemes, aquella tamaña gesta independentista.

Sentimiento de patriotismo que sobrepasa cualquier comparación y que tal vez sólo podría ser comprendido en cierta magnitud, si se deja aflorar plenamente el sentido de pertenencia.

No es fácil plasmar aquel cosquilleo que nos sacude el corazón cuando vemos merodear tanto fervor agitándose por todos los rincones de la provincia. Y tampoco son suficientes las palabras para describir ese brutal orgullo que emerge con más ahínco en torno a esta fecha y que, desbocada arremete cada año contra el olvido del coraje y la lucha del bravo General, quien hasta su último aliento estuvo entregado a la defensa de nuestra frontera norte.

Aquel 17 de junio de 1821 como sabemos, en la Cañada de la Horqueta, tras agonizar durante diez días y habiendo rechazado toda atención médica por parte del enemigo se apagó su vida, pero no sin antes ordenar que las tropas marcharan a la ciudad de Salta y no descansaran hasta arrojar fuera de la Patria a los invasores.

Y fue tan impresionante la tenacidad y el compromiso de los gauchos salteños hacia la causa emprendida por el caudillo, que las tropas realistas sucumbieron en pocos días y fueron expulsadas definitivamente de lo que hoy es territorio argentino.

A los aguerridos jinetes “Infernales” no les importó si en frente tenían a un ejército superior en preparación, armamentos o hasta los superaban holgadamente en cantidad de soldados, ni tampoco les amedrentó si entre ellos había oficiales que venían de pelear en Europa contra un tal Napoleón Bonaparte. Las tácticas de intimidación, hostigamiento y guerra de guerrillas o recursos ideadas por Güemes fueron tan terribles y efectivas que llenaron de pánico a las fuerzas de la Corona Española.

“A nada temo, porque he jurado defender la independencia de América y sellarla con mi sangre. Estamos dispuestos a morir primero que sufrir por segunda vez una dominación odiosa, tiránica y execrable” sostuvo alguna vez y así fue como sucedió.

Tanto coraje, entrega y determinación, permitió además, repeler con arrojo cuantiosos avances que asediaron esta codiciada parte en tiempos independentistas del país, lo cual ayudó a que el General San Martin se abocara a su plan de libertar Chile y Perú. Esto significó que aquellas luchas de resistencia fueran de enorme trascendencia para terminar con el dominio realista en nuestro continente y todo esto, aún siendo menospreciado y sin contar con apoyo del gobierno de Buenos Aires. Sólo con un puñado de gauchos que no eran más que campesinos y pobladores locales que sin más recursos que los suyos, una gran destreza sobre los equinos y un gran espíritu de lucha, estuvieron decididos a ser protagonistas de su propia historia.

Por eso cada año, el 17 del sexto mes es un día especial y absolutamente importante, ya no sólo para los salteños, sino también para todos los argentinos y que no debiera ser pasado por alto debido a su dimensión postrera que nos ha legado.

Si bien hoy, todo el contexto mundial impide que se realicen los homenajes acordes por el Bicentenario del paso a la inmortalidad del Gral. Güemes, el sentimiento que nos colma de orgullo se mantiene firme e inalterable y le esquiva a cualquier tironeo o manejo indebido de su imagen o nombre. Porque mucho se dice y se dirá, pero lo cierto es la consecuencia de su lucha que nos marcó y nos proveyó de una identidad que en no muchos lugares del mundo tienen el privilegio de contar.

Es asombroso ver como desde aquel lejano mes de junio de 1821, aún en la actualidad siga generando casi la misma admiración con la que lo siguieran sus incondicionales y porque sabemos de la importancia de todo su legado de valentía y patriotismo es que, promover y mantener vigente su memoria nos corresponde como hijos de este suelo que tanto amamos.

Este año no vamos a sentir las herraduras y el bramar de los guardamontes, ni el murmullo de aquellos que abrigados de orgullo, bajo la helada matinal se dirigían hacia el monumento que evoca la figura del eximio héroe gaucho, pero si un eco de esos desfiles va a galopar emocionado con el pecho inflado por toda la ciudad, desde las recovas hasta la cima de los cerros, o quizá desde los Valles hasta el monte tupido.

Salta y el 17. Sólo quienes verdaderamente lo sienten son capaces de entender tanta pasión que aún cautiva a niños, jóvenes y ancianos, sin distinciones de sexos o condiciones sociales y aquellos que por voluntad propia cada año se abren paso en tintineante y viva marea de ponchos colorados para rendir un homenaje. Y ese acervo tan grande, que no es regido por un carnaval popular, una religión, un club o inducido por modas de turno ni maniobras políticas nos hace creer que aún se mantienen sólidas las ganas de refrescar la historia sobre los cuales se cimentó la provincia.

Tal vez no haga falta tanto ruido para honrar, sino más bien con difundir a diario la heroica gesta güemesiana y su importancia, sea suficiente. Mientras tanto, a los pies del San Bernardo desde su pedestal de piedras y con su caballo con las cuatro patas bien enraizadas, el General Martin Miguel de Güemes seguirá vigilando la ciudad que tanto aquerenció…

¡Que viva Salta, que viva la Patria!

Por Nacho Chesa para Salta Soy

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