Salta la Linda, un paisaje urbano para disfrutar y sorprenderse desde las alturas


16 abril, 2020


Los miradores naturales del cerro San Bernardo ofrecen hermosas vistas de la ciudad y los valles.

Una imponente torre-campanario de 56 metros apunta hacia el cielo de Salta para coronar la belleza arquitectónica de la iglesia San Francisco. A una cuadra de allí, edificios de líneas francesas y la Catedral Basílica -cuya fachada recuperó los colores amarillo y rosado de 1853- rodean la plaza 9 de Julio, abrazada por un collar de naranjos.

A su turno, el parque San Martín añade aire puro y otras tonalidades verdes al paisaje de la capital, mientras a espaldas del convento San Bernardo deslumbran los enrejados y balcones de las elegantes casonas que todavía remiten a la época colonial. Un rápido pantallazo del centro es suficiente para llenarse los ojos con las postales relucientes que depara la ciudad de Salta a sus huéspedes.

Con sus 260 metros de altura, el cerro San Bernardo propone otra perspectiva. / Cecilia Profetico

Con sus 260 metros de altura, el cerro San Bernardo propone otra perspectiva. / Cecilia Profetico

Otra pieza inescindible de la capital levanta su robusta silueta redondeada al este, para regalar un balcón y decenas de terrazas naturales y miradores desparramados sobre su ladera y en la cima.

Con sus 260 metros de altura, el cerro San Bernardo propone otra perspectiva. En la cumbre, la panorámica se ensancha hasta abarcar los límites de la traza urbana y el horizonte se dibuja sobre las tierras prósperas del Valle de Lerma, las montañas del oeste y los caminos que se desprenden en dirección a Cafayate y Campo Quijano.
Via Crucis de los Jóvenes en el cerro San Bernardo, en Salta capital (foto del Ministerio de Turismo de Salta).

Via Crucis de los Jóvenes en el cerro San Bernardo, en Salta capital (foto del Ministerio de Turismo de Salta).

En primer plano, el torrente de una cascada artificial salpica el ovillo vegetal aferrado al suelo pedregoso del cerro. Más abajo, las cúpulas de las iglesias y la Catedral emergen de entre las líneas simétricas de los tejados rojizos, fusionados con parques, plazas, un puñado de edificios modernos, calles y amplias avenidas.

Via Crucis en el cerro San Bernardo / Cecilia Profetico

Via Crucis en el cerro San Bernardo / Cecilia Profetico

Sopla a ritmo intermitente en el cerro San Bernardo. Con cada incursión del viento, el aire se refresca y se mece el cortinado de algarrobos, higuerones, lapachos rosados, tipas y ceibos. El silbido entrecortado del viento incorpora sonidos agudos a la larga melodía del salto de agua y silencia, por instantes, el incesante murmullo que despide la ciudad.

Monumento al general Martín Miguel de Güemes, al pie del cerro San Bernardo, en Salta capital.

Monumento al general Martín Miguel de Güemes, al pie del cerro San Bernardo, en Salta capital.

Ascenso en teleférico Antes de trepar por la ladera, la correntada barre el manojo de plantas florecidas en la base. Pero el teleférico, que une el parque San Martín con el techo del cerro, ni se inmuta. Por el contrario, sin ningún atisbo de apuro -a la casi imperceptible velocidad de 2 metros por segundo- completa sobre el vacío el último tramo del trayecto de un kilómetro desde la primera estación.

El teleférico y la ciudad de Salta desde el cerro San Bernardo. / Cecilia Profetico

El teleférico y la ciudad de Salta desde el cerro San Bernardo. / Cecilia Profetico

En el interior de la cabina, cuatro pasajeros clavan la vista en la ciudad y se apuran por registrar con sus cámaras cada una de las imágenes cambiantes que surgen a los cuatro costados, dispensadas por el paseo de diez minutos.

Si el ascenso en el cubo vidriado o en vehículo por el camino de 2 kilómetros que despega del barrio Portezuelo brindan un espectáculo único para regodear la vista, la subida a pie se ocupa de poner a prueba la sensibilidad del olfato, el tacto y el oído.

La Vida Nocturna en Salta domina la escena. / Cecilia Profetico

La Vida Nocturna en Salta domina la escena. / Cecilia Profetico

Para los que encaran el sendero de los caminantes, la clave para sumergirse en este resguardo de pájaros cantores, hilos de agua de vertiente y árboles entrelazados con plantas y enredaderas está en avanzar a paso firme aunque sin precipitarse.

Las 14 estaciones del Vía Crucis acompañan las vueltas del sendero y sus 1.070 escalones hasta alcanzar el Cristo Redentor -esculpido en piedra y cobre en 1903- y una cruz de madera, erigida sobre la cumbre dos años antes.

Salta capital, un paisaje urbano para disfrutar desde las alturas. / Cecilia Profetico

Salta capital, un paisaje urbano para disfrutar desde las alturas. / Cecilia Profetico

La plácida atmósfera que se respira en el cerro y las vistas inigualables que lo enmarcan arrastran a toda hora a contingentes de turistas, peregrinos en busca de la cruz más venerada de la ciudad, ciclistas, aficionados al trekking, vecinos que caminan o trotan dispuestos a captar el festival cromático del atardecer y parejas que se fotografían, antes de celebrar su boda en el San Bernardo iluminados a discreción por las estrellas.

Bicicleteada por el camino que asciende hasta la cima del cerro San Bernardo. (foto del Ministerio de Turismo de Salta).

Bicicleteada por el camino que asciende hasta la cima del cerro San Bernardo. (foto del Ministerio de Turismo de Salta).

El cerro es también la inestimable fuente que alimenta la inspiración de los artistas. Sus atractivos fueron advertidos tempranamente por el músico Eduardo Falú y el periodista y poeta César Perdiguero, que décadas atrás le destinaron las mejores loas en la zamba “Por el San Bernardo”.

En “Salta mía”, el Chaqueño Palavecino reafirma su amor por la tierra salteña al expresar “por el cerro San Bernardo voy subiendo a la cruz, baja agüita de vertiente, soy de barro buscando tu luz”. Una declaración simple y sin rodeos, como cantaba Hernán Figueroa Reyes cada vez que interpretaba “Arriba de San Bernardo”: “Cerro florido, mirando vas la ciudad y otra mirada de bronce despierta memorias de la libertad”.
La plácida atmósfera que se respira arrastran a toda hora a contingentes de turistas . / Cecilia Profetico

La plácida atmósfera que se respira arrastran a toda hora a contingentes de turistas . / Cecilia Profetico

El almanaque atraviesa los últimos días del otoño y los fulgores del sol siguen tiñendo el San Bernardo de colores imposibles. A sus pies, la ciudad se hermana con el cerro y mantiene intacta su identidad norteña, lista para recibir a sus visitantes con el mejor semblante.

Iglesia de San francisco, Salta capital. / Cecilia Profetico

Iglesia de San francisco, Salta capital. / Cecilia Profetico

Pulmón verde en el centro de la ciudad

A los pies del cerro San Bernardo y enfrente de la Terminal de micros de la capital salteña, el Parque San Martín es el gran pulmón natural que suelen frecuentar los salteños para descansar y recrearse. Múltiples opciones de paseos a pie se despliegan a través de senderos que rodean un lago artificial y se pierden en la espesa arboleda.

A lo largo del recorrido por las ocho manzanas que ocupa el espacio verde diseñado por Ángel Zerda en 1905 aparecen bancos de mármol, una fuente de piedra, el Jardín Incaico, un área botánica, un rosedal, juegos infantiles y monumentos que homenajean al general San Martín, Florentino Ameghino y Facundo de Zuviría (obra de la escultora Lola Mora que recuerda al autor de la Constitución de la Provincia de Salta). Antes de abordar el Teleférico que parte desde aquí se pueden visitar los puestos de artesanías y el Museo de Ciencias Naturales.

Con sus 260 metros de altura, el cerro San Bernardo propone otra perspectiva. / Cecilia Profetico

Con sus 260 metros de altura, el cerro San Bernardo propone otra perspectiva. / Cecilia Profetico

FUENTE: CLARÍN

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