Más de 200 personas vencieron todos los obstáculos en la peregrinación más larga


14 septiembre, 2018


Partieron el 1 de septiembre desde Santa Victoria Oeste y ayer llegaron a Salta.

Fueron 13 días de caminata por montañas, desiertos, quebradas y selvas hasta la capital, en donde los esperaban el Señor y la Virgen del Milagro para renovar el contrato de fe que los une desde hace 17 años. Cuando comenzó la caminata eran 50. El miércoles ya eran 200, cuando almorzaron en el campamento de Vialidad, a la salida del camino de cornisa, por la ruta nacional 9, que une las ciudades de Salta y Jujuy.

Allí los esperó un grupo de amigos solidarios que desde hace 7 años los reciben con un contundente asado de carne de vaca, cerdo y chorizos, además de más frutas y helados. Todo se hace a pulmón sin ningún tipo de ayuda, más que la convicción de ayudar a esos caminantes del Milagro.

La columna de caminantes avanzó por la ruta perturbando el silencio con bailes y cantos; mezclando con el verde del paisaje los colores vivos de los estandartes, las imágenes de la virgen y las banderas flameantes de alegría.

A su paso las aves se alborotan. Toda la mística avanza con ellos como si fuera un aura colectiva y potente que hace llorar a quienes los ven pasar desde un costado del camino. Saben que son el “privilegiado” grupo que recorre más de 500 kilómetros con el único motor de fe, alimentado por el combustible de la devoción: algo inexplicable para los cultores de la lógica.

Una de las organizadoras de esta peregrinación, la más larga del Milagro, intenta una respuesta. “Nosotros comenzamos con 6 personas hace más de 17 años. Poco a poco se fueron sumando personas, familias, jóvenes que descubrieron en este caminar la alegría de vivir, de recorrer el camino, de la común unión entre pares, también del sacrificio y la satisfacción de llegar y venerar a nuestros santos patronos”, dijo María “Trini” Ángelo.

María es la que está siempre atenta a todo. Se fija en quién recibió su naranja, quién necesita una cura de pies, que los músicos no se cansen, que haya un poco de coca para algunos, que los niños y bebés que van con la peregrinación estén cuidados.

Una de las fieles hace la peregrinación con su hijo desde que nació, hace 18 años. Sonia Peloc se acuerda de la primera vez y llora, tendida de cansancio en el pasto del campamento.
“Yo tuve a mi hijo siendo muy chica. Tenía 17 años y era una mamá adolescente y sola. No sé por qué se me dio por venir con mi bebé caminando. No sabía muy bien qué hacer. Fue una locura y una guía para mi vida porque ahí yo aprendí a dar importancia a cosas que no tenía en cuenta; a las cuestiones humanas. Uno aprende a caminar en la vida en este recorrido de fe. Hoy mi hijo tiene 18 años y viene conmigo y yo le agradezco a Dios su enseñanza”, dijo Sonia, que hoy tiene 34 años y piensa en las nuevas generaciones devotas del Milagro.

Comentario

^