Mano a Mano con Gabriel Rolón antes de su presentación en Salta


8 julio, 2019


El lado B del amor se presenta esta noche en Salta. ¿Te lo vas a perder?

Después de su éxito en la cartelera porteña, el licenciado Gabriel Rolón regresa a Salta con su nueva experiencia teatral “El lado B del Amor”. Tiene guión de su autoría y, como todas sus obras, busca llevar al espectador a reflexionar sobre diferentes temáticas, en este caso centradas en el amor, el desengaño, la ilusión y la violencia.

Una periodista visita el consultorio de un psicólogo para hacer una nota sobre su último libro, y le propone un juego inocente que da paso a una trama inesperada. La obra se desenvuelve como una comedia dramática para abordar los rincones más escondidos del amor, con una premisa especial: no todos los amores merecen ser vividos.

La presentación es esta noche a las 21:00 en el Teatro de Nuestra Señora del Huerto(Pueyrredón 175), y a Rolón se unen otros tres actores en escena: Carlos Nieto, Malena Rolón y Cynthia Wila. La entrada VIP tiene un precio de $ 850, platea $ 750 y pullman $ 650, y están a la venta en las boleterías del teatro, en el Alto Noa Shopping y en Autoentrada.

¿Cómo te preparás para un nuevo encuentro con los salteños?

Con mucha expectativa y gran responsabilidad. Hace tiempo que voy a Salta. Allí presenté todos mis libros y casi todas mis obras. Como el año pasado hicimos temporada en Capital no pude ir con El lado B, que es la propuesta con la que llego esta vez. Espero que se repita ese intercambio afectivo y respetuoso que siempre me ha unido a los salteños.

¿Cómo aprendiste el oficio de contar? ¿Cómo trabajás el arte?

Desde chico me gustó leer, escuchar y contar historias. Era el adolescente que a mis compañeros les narraba los libros que había leído. Más tarde las películas. Y era también el elegido por ellos a la hora de exponer los trabajos en equipo ante los profesores.

Quizás mi condición de músico me ayudó a eso. Desde muy chico estudié música y participé de espectáculos, recitales y conciertos. Es decir que el escenario me es un lugar familiar. Aunque antes contara a partir de la música y ahora de la palabra y la actuación.

En cuanto a cómo trabajo el arte, lo hago como se hacen las cosas profundas, como al amor, con responsabilidad y tomando el desafío de entregar lo mejor de mí y a sabiendas de que una obra nunca está concluida y siempre puede mejorar.

¿El público va a ver a un actor o a un autor de autoayuda?

Si va a ver a un autor de autoayuda se equivoca. Porque mis libros no son de autoayuda, aunque los coloquen a veces en esos estantes. Yo intento difundir el Psicoanálisis y, desde hace un tiempo, pensar junto a los lectores de la mano ya no sólo de mi teoría profesional, sino también de la filosofía, el arte o la mitología.

Creo que la gente viene porque confía en que va a encontrar una propuesta que va por ese lado, el del pensamiento, independientemente de que se trate de una charla, como lo hice antes, o de una obra teatral, como lo hago ahora. Estoy convencido de que es así, por eso el reto que tomo cada vez que me subo al escenario es lograr que la gente se vaya con una idea, una pregunta, un concepto o alguna emoción que no tenía al entrar.

¿A vos qué te cambió la vida?

Muchas cosas. El arte y el conocimiento, en especial. No sería quien soy si no hubiera dedicado mi vida a estudiarlos. El Psicoanálisis, por supuesto. Cada uno de los pacientes que, acostados en mi diván me permitieron acceder a sus vidas. Y sobre todo el milagro de la educación pública y gratuita. Yo no hubiera podido estudiar en Estados Unidos. Tampoco acá si hubiese tenido que pagar mis carreras. Por eso, la vida me la cambió la Argentina y su gente.

Tomando el título de un libro tuyo, ¿somos padecientes de amor?

Si bien no hay amor sin un poco de dolor, sin momentos difíciles o posibilidad de crisis, padecer es algo muy distinto. Son padecientes quienes se quedan en un vínculo enfermo. Esas relaciones donde el sufrimiento es mayor que el placer. Vínculos plagados de celos, posesión, falta de reconocimiento o, por qué no, violencia. Quienes están en ese tipo de amores son padecientes.

¿Qué te motiva, te inspira, para hacer? ¿Cuál es tu motor?

El deseo. Intento escuchar lo que deseo y pelear por llevarlo adelante. No todo me ha salido bien en la vida, pero puedo decir, al menos, que siempre intenté, y lo hago aún, avanzar hacia lo que deseo. Por eso escribo, actúo, doy charlas, atiendo pacientes o toco el piano. Porque en esas cosas se juega mi vida, y siento el compromiso de darle un sentido a lo que quiero.

¿Cómo describirías tu experiencia de estar en escena?

Es una sensación maravillosa, única. El teatro me permite recuperar un espacio lúdico donde, por un rato, juego a ser otro, me divierto, me río o lloro de la mano del arte. Soy analista y, como tal estoy en contacto permanente con la angustia y el dolor. El arte me permite canalizar muchas cosas de un modo sano y creativo. Estoy convencido de que todo analista debería tener un espacio artístico donde sublimar el peso de todo el padecimiento que escuchamos a diario… y el que nos genera nuestra propia vida.

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