Los padres venden dulces para pagar sus estudios: ella se recibió de médica


28 julio, 2019


Fátima Álvarez se crió entre el Valle de Lerma y las comunidades preincaicas, en Salta.

Cuando era chica, Fátima Álvarez (27) se divertía con las ovejas y juntando habas, arvejas y papines con sus primos en los cerros de la Puna salteña. Pasaba los veranos en Santa Rosa de Tastil, a 3.200 metros sobre el nivel del mar, en la casa de sus abuelos maternos.

Sin luz natural, entre ruinas preincaicas, casas de adobe, cactus monumentales, ventolinas de polvo y un sol abrasador, Fátima lo tenía todo.

“El 2 de noviembre, Día de las Almas, las abuelas del pueblo horneaban masas y panes con formas de escalera, palomita y cruz, en honor a nuestros familiares fallecidos. Los niños llenábamos nuestras bolsitas de cosas ricas. Era muy lindo”, recuerda con dulzura, mientras se toma un capuchino en una confitería sobre la Avenida Córdoba, a dos cuadras de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.

Ahí donde se convirtió en la Dra. Álvarez, para orgullo de sus padres y además, de la Fundación Grano de Mostaza, que apostó por ella.

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