Las carpas: un fenómeno típicamente salteño


16 febrero, 2019


Algo que define el carnaval en la ciudad de Salta y el Valle de Lerma, son las famosas “carpas”, algo único en el país.

Si hay algo que define a los carnavales en Salta, son las “Carpas”, lugares con carácter casi mítico, que llegó a generar hasta un género musical, la zamba carpera. Algunas funcionan todo el año, como la del “Torito”, en Campo Quijano y “El Gaucho” en El Carril y con una tradición que ya cayó en el olvido: el baile comienza el domingo a la tarde.

Una de las referencias más antiguas es de 1894, que se armaban en el campo de la cruz. Eran entre nueve o diez carpas, separadas por áreas de palenques donde se amarraban los caballos o se estacionaban los carruajes y degüellos. Si bien eran populares, muchos “pitucos” escapan de los salones del centro para pasar un carnaval más movido.

Desde que se empezó a festejar el carnaval, esos tres días de febrero en Salta nunca pasaron desapercibidos y era la época más esperada del año y siempre estuvo marcada por dos vertientes distintas: una profundamente europea ,como el desfile de carrozas y comparsas y otra muy americana, favorecida por el clima, la gran fiesta y el juego con agua.

A partir de los años 40, hay una explosión de carpas en el Valle de Lerma y muchas alcanzan una fama que trasciende los años, como las de: Carpas de Jaime Capó, de Carlitos Abán en Villa “El Sol”, la Carpa “El Patito” de Salvatierra, “La Cerrillana”, “El Chañarcito” de Marcos Tames y la del “Ciego Nicolás” en San Lorenzo. Una de las más conocidas era la que estuvo durante décadas funcionando en la intersección de la ruta nacional 68 y el acceso al camino a San Agustín, en el sur de la ciudad de Salta.

En los carnavales se gestaron leyendas, ( a más de uno se le enancaba “La Viuda” cuando volvían despacito desde Cerrillos), amores, desamores, poemas, cuentos y sobre todo música y músicos, como los conjuntos de Perico Rioja y sus Changos Peñeros, Abán y su conjunto, Anachuri y su bandoneón, El Payo Solá y su conjunto, El Fiero Arias, Manolo Fernán y su fuelle, Marcos Thames, Gustavo Cuchi Leguizamón y decenas más que dejaron plasmadas el alma del carnaval en su composiciones.

Siempre hubo intentos de la “gente bien y beata” de prohibir o limitar la alegría del carnaval, los intentos fueron en vanos hasta la llegada de la última dictadura militar en 1976, cuando los sectores más reaccionaron cerraron las carpas y casi prohíben los corsos en calle Belgrano. La alegría y la cultura de un pueblo al final venció a la mojigatería y con la retirada de los militares, las carpas volvieron con toda su fuerza y esplendor.

Hoy siguen con buena salud, ya no se baila zambas, ni chacareras, pero siguen muy vigentes, ahora con cumbia y ritmos tropicales, pero en los últimos años, por suerte, estos ritmos comenzaron a ser desplazados por carnavalitos, tinkus o esa mezcla de folklore y ritmos pop sumamente divertidos y especiales para estas épocas de hermoso descontrol.

Fuente: El Intra

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