La Zamba de Balderrama, de Leguizamón y Castilla, cumple hoy cincuenta y dos años de vida


29 octubre, 2019


Fue presentada la noche del 29 de octubre de 1967. Asistieron poetas, músicos, amigos, cocheros y colados.

Hace más de medio siglo, se acostumbraba en Salta que poetas y compositores presentasen sus obras en sociedad. Por lo general lo hacían en El Círculo aunque también se sabe que lo hacían en el Centro Argentino y en la Sociedad Española.

En el caso de la “Zamba de Balderrama”, la presentación fue en la misma cantina de San Martín y Esteco, a la “orillita del canal”. La cita fue a las 9 y media de la noche y, según el poeta y periodista de El Tribuno, Cesar Perdiguero, “temprano nomás se encendieron las estrellas del coplerío, y entre mostrador y mesas, andaban los hermanos Celestino, Juan y Daría Balderrama, redoblando esfuerzos para atender al gentío; una virtud que les viene de sus padres, que alguna vez llegaron de Bolivia para ganarse el corazón de los salteños. Y allí, en esa esquina que ya entró en el territorio de la leyenda, se bautizó la zamba con el nombre de los dueños de casa, escrita por Manuel J. Castilla y musicalizada por el Dr. Gustavo Leguizamón”.

“Esa noche -agrega don César- la bohemia estuvo de verbena. Hacía tiempo que no se asistía a este tipo de reuniones, donde lo que más cuenta es la amistad y el amor al arte.

Ocuparon la cabecera de la mesa los autores de la zamba, los dueños de casa, Miguel Angel Pérez, José Ríos, Roberto García Pinto, Patricio Giménez y Chacho Echenique. También Los Nombradores (Ibarra, Nieva, Toro, Torres y Bordones) que esa noche cantaron tres veces la zamba del bautizo. También pulsó la guitarra, don Julio Espinoza que cantó su ‘Sombra’.

Rodolfo Juárez, Martín Risso Patrón también soltaron su copla joven mientras Luchín Andolfi y Hugo Ovalle recuperaban el madrigal de la noche.

Y siempre la guitarra. Por ahí Giménez y Echenique soltaron un ‘Pastor de Nubes’ que todos abrazaron pensando en Fernando Portalito, como le llamaba Manuel Castilla. También la ‘Zamba del Silbador’ estuvo en la guitarra.

Y mucha gente en la amistad.

No podré dar la nómina de todos los que se arrimaron a saludar a los hermanos Balderrama: Carlos Catán, los doctores Fleming y Bocchio, los cocheros, en fin un montón…”.

Momentos

“El escritor -continúa Perdiguero- García Pinto levantó su copa y brindó por los dueños de casa. Después el ‘Cuchi’ Leguizamón se fue de carnaval tirando coplas con guitarra. Cuando regresamos de la albahaca, Castilla convocó para que entonáramos ‘La López Pereyra’, imaginando que llegaba don Artidorio.

Ya en la media noche Hugo Ovalle entonó con bombo la ‘Zamba de los Mineros’, mientras Luchín Andolfi pensaba en Walter Adet y Jacobo Regen.

Por ahí andaban también Horacio Quiroga y Hugo Cardozo entonando ‘La Marrupeña’ que conocieron en un cumpleaños del ‘Poncho’ Marrupe. Y así las coplas iban y venían; y los vinos, para acompañar al picante de gallina y la sopa de maní que consagraron a los Balderrama como firmes candidatos al Premio Nobel de la Picantería”. Y remata: “No te duermas Balderrama/ sacudilo al corazón;/ dame tu vino arisco/ emborrachame la voz”.

La casaesquina de la Zamba

Hacia mediados del siglo pasado, el matrimonio boliviano conformado por don Antonio Balderrama y doña Remigia Zurita, tenían una fonda o picantería. Sus habituales comensales eran mayoritariamente abastecedores, puesteros y changarines del Mercado San Miguel. Según los memoriosos, allí los Balderrama expendían exquisitos platos regionales, tanto de Salta como de Bolivia. Ese primitivo comedero, estaba ubicado en las adyacencias del Mercado San Miguel, sobre calle Ituzaingó casi esquina San Martín.

Pero en 1954, los hijos del matrimonio, Daría, Celestino y Juan, decidieron abrirse de sus padres y fundar el hoy famoso “Boliche Balderrama”, al frente del entonces Sindicato de Cocheros, en San Martín e Islas Malvinas.

Por varios años el negocio giró sobre los rubros restaurante y bar, con venta de bebidas al copeo. Es decir que estaba autorizado a expender vino en botella, vino suelto y en copa, de pie junto al mostrador. El suelto era extraído de los barriles que por esos años distribuía la bodega de don José Coll, en Salta y en todo el Valle de Lerma.

En 1954, el pavimento aún no había llegado a la esquina de los Balderrama, pues aún estaba en la avenida Jujuy. Recién en los 60 se retiraron de allí las calles enripiadas. Por supuesto, en 1954, los Balderrama, ni imaginaban que estaban creando un negocio que casi veinte años después, sería considerado el “templo del folclore”.

La casona

La casona de los Balderrama era una tradicional casaesquina salteña, erigida a principios del siglo XX. Fue, como bien se dijo, la “musa inspiradora” de la zamba que alcanzó la fama al filo de los años 60 y 70, luego de ser interpretada magistralmente por la tucumana Mercedes Sosa.

En sus inicios, “el comedero” de los Balderrama fue lo que los salteños llamaban “bodegón”. Piso de baldosa cocida, techo de tejuela y zinc, ladrillo exterior sin revocar y parapeto.

Cuando la zamba de Balderrama salió a la luz (1967), el pavimento ya había llegado y el negocio solo abarcaba la amplia pieza de la esquina con tres puertas a la calle: en la ochava, sobre San Martín, y sobre el callejón del canal, aún te tierra.

Cuando llegó 1970, Balderrama se agrandó por las necesidades de la fama. La pica dio por tierra con una medianera norte, dando lugar al nacimiento del primer salón.

Pero la esquina de Balderrama no siempre fue el punto de encuentro de los bohemios de Salta. Estos ilustres personajes llegaron hasta la vieja esquina a mediados de los 60, atraídos por la buena cocina; por esos platos de donde emanaban los aromas y los sabores saltobolivianos de antaño.

Y así fue que poetas y bohemios de la noche de Salta, nunca pudieron recordar con precisión, cómo y cuándo fue que descubrieron las artes culinarias de los Balderrama. Siempre concluían en que la buena noticia quizá les había llegado por boca de un anónimo y comedido cochero que, al igual que los taxistas y camioneros de ahora, siempre saben donde hay un buen “caidero”.

FUENTE: EL TRIBUNO SALTA

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