La novena y los claveles en el tiempo del “Milagro Salteño”


9 septiembre, 2021


Como todos los años, los salteños católicos se preparan para vivir uno de los momentos más emotivos del año, el camino hacia la renovación del Pacto de Fidelidad.

Como todos los años, los salteños católicos se preparan para vivir uno de los momentos más emotivos del año, el camino hacia la renovación del Pacto de Fidelidad. En un contexto especial por la pandemia del coronavirus los fieles se resisten a no acercarse a la Catedral Basílica para honrar a sus santos patronos.
Para este año la situación epidemiológica condiciona la presencia no solo de los devotos o los peregrinos, sino también a los vendedores ambulantes. Es por eso que plantearon, desde la Curia, un serio protocolo que hasta hoy se está cumpliendo.
Los fieles mantienen distancia, todos respetando el uso del barbijo y el uso de alcohol al ingresar al templo. Hay un aforo de 230 personas dentro de la Catedral y en el patio lateral dejan ingresar hasta 60 personas.
Por calle España cortaron la circulación vial y vallaron el frente de la Catedral. Además pusieron una pantalla gigante para reducir el ingreso al templo y la Catedral permanece abierta entre las 6.15 y las 22.

Vendedores ambulantes

Los vendedores ambulantes también están condicionados. Pese a que hay gente al frente de la Catedral, en la calle se ven pocos comerciantes callejeros. Se ofrecen los típicos claveles rojos y blancos, las novenas del Señor y la Virgen del Milagro, calendarios con los patronos y rosarios, pero a los clásicos souvenirs relacionados con esta celebración se le suman la venta de alcohol en gel y barbijos.
El precio de los claveles comienza en 100 pesos el par, mientras que el libro de la novena se vende al mismo precio. El más barato de los rosarios arranca en 70 pesos, mientras que los más caros pueden superar los 200 pesos.
Después de un 2020 sin procesión, sin fieles ni vendedores ambulantes por las restricciones que se aplicaron por la pandemia, el centro salteño volvió a verse como fue todos los meses de septiembre. Los tradicionales vendedores ambulantes rodeando la Catedral Basílica ofreciendo todo tipo de productos relacionados con el Milagro.
Pero la crisis social y económica que atraviesa el país y la provincia se nota en la calle. Los vendedores ambulantes se quejan de que ya no vende tanto como en otras épocas y eso es visible. La mercadería que ofrecen queda más tiempo en sus manos dejando en evidencia que el salteño, por lo menos por ahora, decide honrar a sus patronos con su presencia.
Karina Quispe es la primera vez que sale a la calle a vender libros de la novena. El año pasado trabajaba como vendedora en un local, pero la pandemia se lo llevó puesto. Por las bajas ventas la primera variable de ajuste fue ella y se quedó en la calle. Ante la falta de trabajo no le quedó otra que convertirse en vendedora ambulante.
Desde que arrancó la novena, está todos los días de 8 a 12 del mediodía. Por las tardes no puede salir a vender porque tiene un hijo con discapacidad y debe llevarlo a la escuela. Ferviente devota, Karina reza todos los días para revertir su realidad y poder salir de la situación difícil en la que se encuentra.
“Yo antes solía venir peregrinando desde La Viña pero este año me dijeron que no se puede, así que intento acompañar de otra manera la semana del Milagro. Yo creo mucho en Dios y tengo fe de que me va a ayudar. La verdad que está muy duro para todos los vendedores ambulantes porque la gente compra muy poco”, expresó la joven.
Esa falta de ventas se nota en la calle. Que haya pocos vendedores ambulantes también es una señal de que no hay lugar para todos. Lurdes cuenta que es una histórica del Milagro. Hoy tiene 27 años pero comentó que desde los 8 años viene a la Catedral para vender claveles. Tiene cinco hijos y su situación también es compleja. La ayuda que recibe del Estado no es suficiente y su salida laboral más próxima es la calle.
“Este año si lo comparo con el 2019 la verdad que está muy complicado. La gente no compra ya tantos claveles para llevarle a las imágenes. Se siente que hay poco dinero en la calle. Yo estoy todo el día desde las 8 de la mañana hasta la última misa que se da en la Catedral y recién ahí vendemos un poquito más. Está todo muy complicado, pero hay que pelearla, lo que saco de acá por lo menos me ayuda a darle de comer a mis hijos”, comentó la joven.
Roberto Carlos Cruz es un histórico de la Plaza 9 de Julio. Hace más de 30 años que trabaja como vendedor ambulante. Durante el año vende los famosos bingos de distintas organizaciones salteñas, pero en la época del Milagro aprovecha para vender souvenirs relacionados con la festividad de los patronos locales. Sin embargo, este año no es el mejor. Las ventas bajaron muchísimo.
“Yo gasté más de 4 mil pesos en cositas del Milagro y desde que empezó la novena solo pude vender 700 pesos. Antes capaz vendía todo en un día, ahora me está costando. Se ve mucha menos gente, pero también se nota la falta de dinero en los salteños. Tengo un denario a 200 pesos y la gente me dice que está caro”, afirmó.

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