Jóvenes estudiantes de Yrigoyen edifican su propio playón polideportivo


28 noviembre, 2019


Docentes y alumnos del colegio norteño lanzaron la campaña “Un ladrillo para mi escuela”.

El sueño de los estudiantes de un colegio de Hipólito Yrigoyen es poder tener un playón polideportivo propio.

Por eso desde mayo pasado todo el colegio trabaja en pos de ese objetivo y ahora piden la colaboración de la comunidad a la que pertenencen.

Se trata de los alumnos de la escuela tecnica N§ 8102, “San José Obrero”, de la localidad azucarera, con orientación en la construcción, que se encuentran trabajando hace más de 6 meses, levantando ladrillo por ladrillo para llegar al sueño máximo, tener un playon polideportivo propio.

Algo que parecía utópico, pero que, con el paso del tiempo, se fue materializando; a tal punto, que ya lograron concretar una parte importante del proyecto.

“Todo surgió de la necesidad de los chicos, que tienen actividades deportivas dentro del colegio, pero muchas veces se hace difícil, por inclemencias del tiempo, y a su vez tenemos un edificio chico, no como otras escuelas técnicas. Eso fue lo que nos motivó a empezar a trabajar para concretar este gran sueño”, sostuvo Gabriela del Castaño, preceptora del establecimiento.

La institución recibió una donación en el año 2015 de un terreno, ubicado justo en frente del edificio principal.

 

“Durante la intendencia de Carlos González nos donaron el predio y ya teníamos el proyecto en planos. Por eso nos arremangamos y nos pusimos a trabajar para construirlo”, remarcó la mujer.

Y agregó que “todo se hace con mucho sacrificio. Los planos los empezó el arquitecto José Orquera, de la Municipalidad, en su momento. Y después los profesores de la escuela los modificaron. Todo fue a pulmón y con mucho esfuer zo”.

El paso del tiempo significó un problema extra para los chicos, ya que “en sus inicios la obra tenía un costo estimado de 2 millones de pesos, pero hoy calculamos que para terminar todo costará el doble”, explicó al celadora.

Víctor Juárez, profesor y coordinador del proyecto, explicó más detalladamente la obra: “El proyecto final contará con aulas de dos plantas para los talleres, playones deportivos y un predio cerrado por completo, eso es lo ideal, aún estamos lejos, pero por eso trabajamos duro, para algún día terminarlo”, dijo convencido.

Manos a la obra

Los alumnos de toda la institución trabajan en la mano de obra supervisados por los docentes, poniendo en práctica todos los conocimientos que aprenden en el aula, que los trasladan a la construcción.

“Ellos tienen una materia que se llama práctica, donde eso que se aprende se aplica y los jóvenes están muy entusiasmados. Casi sin darse cuenta adquieren la cultura del trabajo, aprenden a amarlo y le dan mucho valor; se sienten parte del colegio y eso se nota, pareciera que no sienten el cansancio. Cada uno con sus roles y con el apoyo constante de los padres”, destacó Juárez.

“Un ladrillo para mi escuela”

La obra comenzó en mayo y hasta el fin del ciclo 2019 pretenden culminar con el cerramiento del predio.

“Hemos invertido mucho dinero, más de 150 mil pesos, pero no es suficiente. También hay que agradecer a mucha gente, entre ellas empresas que nos han donado material y dinero. Al comenzar el relleno de la tierra era interminable, gracias la ripiera Calleri nos solucionó un gran problema”, contó la preceptora.

“También la empresa Seaboard se sumó y nos donó material para realizar el frente de la obra. Necesitamos cerca de 15 mil ladrillos, nos falta mucho, pero los chicos trabajan todo el tiempo pensando en terminarlo cuando antes”, destacó.

“El sueño es terminar la obra, sabemos que no será este año, que el próximo tendremos que hacer mucho esfuerzo, pero no vamos a bajar los brazos”, concluyó. Por eso lanzaron la campaña solidaria “Un ladrillo para mi escuela”, por medio de la cual invitan a toda la comunidad que tenga alambre, cemento, ladrillos o cualquier material que lo acerque a la institución para concretar el sueño en 2020.

El colegio San José Obrero, tiene 27 años de historia, está subsidiado por el Gobierno provincial, pero no recibió fondos del Ministerio para la obra y tampoco cobra cuota, sino una donación de $500 mensual, que muy pocos alumnos abonan, por ellos se dificulta aún más seguir con la obra.

FUENTE: EL TRIBUNO SALTA

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