Evelia Murillo: una maestra que sacrificó su vida por defender a una alumna


15 noviembre, 2021


Esta valerosa docente defendió a sus alumnas wichis de la violencia y el abuso.

Pasó el Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), el Día del Maestro (11 de septiembre); el Día de la Madre (el tercer domingo de octubre), y a pesar de lo mucho que en los últimos años se declama el valor de la mujer, la lucha contra el machismo y por la igualdad de oportunidades; nadie, en ningún lugar de la provincia se tomó unos minutos para recordar a la heroica y mártir Evelia Murillo, cruelmente asesinada en una escuela rural de Tartagal, en su afán de defender a sus alumnas wichis del abuso de un violento.

La maestra jardinera Evelia Murillo trabajó con las comunidades más postergadas de la provincia de Salta como son los niños y niñas wichis; ella, como todos los docentes rurales, arriesgó su vida en las áreas desoladas del territorio provincial. Resignó el bienestar de la proximidad con los afectos, y viajó lejos, movida por un impulso inevitable, a vivir días que pocos resistirían, a hacer de madre y educadora. Evelia fue fiel a su misión. Se enfrentó a la demencial osadía de un perverso que amenazó la integridad de los niños de su escuela. E hizo algo que solo unos pocos y unas pocas se animarían: entregó su vida, sin dudarlo, para defender a las niñas wichis del abuso de un criollo machista y misógino que no soportó el valor de la maestra y la asesinó a sangre fría.

Una muerte cruel

Los defensores de las mujeres, los que pregonan sus derechos, jamás en todos estos años la recordaron ni propusieron imponer su nombre a ninguna institución, aunque Evelia Murillo es para toda la docencia salteña una verdadera mártir.

La trágica muerte de Evelia ocurrió la noche del 2 de octubre del año 2014 . La maestra rural trabajaba a unos 60 kilómetros al este de Tartagal, en la escuela albergue del paraje El Bobadal, perteneciente al municipio de Tartagal, donde recibió un mortal escopetazo en el pecho. El proyectil le salió por la espalda, por lo que cayó ensangrentada en la puerta de la humilde escuela donde permanecían durante la semana los niños criollos y wichis de ese alejado e inhóspito lugar del Chaco salteño.

Se tomó el pecho, cayó lentamente y en ese instante la vida se le escurrió entre sus manos ensangrentadas, esas manos con las que había escrito con tizas por horas y horas enseñando a leer y a escribir a los niños originarios.

El hecho que terminó con la vida de Evelia Murillo, quien se encontraba sola con los 8 alumnos que vivían en el lugar, se produjo en el patio de la escuela albergue El Bobadal cuando una joven wichi le avisó a la maestra que un sujeto mayor de edad que residía en inmediaciones de la escuela le había ofrecido dinero para que la chica aceptara mantener relaciones sexuales; como la chica lo rechazó, el sujeto trató de tomarla por la fuerza, persiguiéndola por los alrededores de la escuela.

La alumna le avisó a Evelia, quien indignada salió al patio en momentos en que se acercaba el criollo, en evidente estado de ebriedad. Evelia le reclamó por esa actitud abusiva con la chica wichi y le dijo que se marchara del lugar.

El puestero se fue y al rato regresó armado a la escuela donde la docente Evelia Murillo se disponía a descansar junto a los niños que se encontraban en el albergue. Sin que mediaran palabras, cuando Evelia volvió a salir con la intención de correrlo nuevamente, José Tomás Cortez se acercó a pocos metros de la docente, levantó el arma y le disparó. Evelia cayó mortalmente herida, mientras los niños y las niñas huyeron todos hacia el monte que circunda ese alejado paraje, presas del pánico luego de haber visto como asesinaban a su maestra.

Sobrevivir en el monte

En la total oscuridad del monte circundante los niños sobrevivieron por el solo hecho de ser parte de él, por conocerlo desde que comienzan a caminar y llevar en la sangre los secretos de esa zona agreste y difícil.

Mientras aterrados se escondían del agresor que blandía su escopeta buscando terminar con la vida de otros inocentes como lo había hecho ya con Evelia, una niña wichi corrió hacia el camino de tierra buscando tener una señal telefónica para enviar un mensaje a otras maestras que, como Evelia, residían en otras escuelas albergues de esa zona del Chaco salteño. Una de ellas recibió el mensaje de la alumna wichi: “La mataron a la maestra Evelia”. Fue esta docente quien dio aviso a la policía de Tartagal. Desde la ciudad una comisión policial partió a ese lugar y llegó después del mediodía del 3 de octubre.

Mientras un grupo de policías se abocaba a buscar a los niños del albergue, que habían huído hacia el monte, otros ingresaron a la escuela. En el patio yacía desde hacía horas el cuerpo sin vida de Evelia Murillo. Confirmar que el asesinato efectivamente se había producido fue difícil para los propios policías, ya que ni entonces ni ahora las escuelas de esa zona tienen señal telefónica.

Como a las 2 de la tarde de una agobiante jornada del mes de octubre los policías encontraron a los chicos que habían huído con la adolescente wichi por quien Evelia había recibido el mortal disparo en el pecho.

Cuando pasaron las horas el lugar se llenó de policías, de funcionarios que llegaban al lugar sin poder creer que algo así podía haber sucedido en un lugar que se suponía apasible, donde las horas no pasaban nunca, donde los niños wichis tenían asegurada su comida, su estadía y su seguridad en un humilde albergue, y donde las maestras como la docente jardinera Evelia Murillo pasaban sus días sin más novedades que la falta de agua o la necesidad de trasladar algún niño o adulto enfermo.

“Maco” Cortez, el puestero enojado porque una mujer le había recriminado su actitud machista, huyó hacia el monte pero a los días terminó entregándose. Rocío, Cristina, Carina, Fabiana, la cocinera de la escuela de El Bobadal y otra mujer de nombre Argentina -todas originarias- prestaron declaración testimonial en la causa por homicidio calificado (femicidio) que la Justicia penal le siguió al asesino, que fue condenado dos años más tarde.

Siete años después de aquel horrendo homicidio, de aquella muerte absurda, nadie hasta el momento al menos en la zona donde trabajó por tantos años pensó en perpetuar la memoria de la maestra Evelia Murillo, esa mujer que por defender la dignidad de una adolescente originaria, como una verdadera mártir, sin más, entregó su vida.


Fuente: EL TRIBUNO SALTA

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