En homenaje a Spinetta, hoy es el Día Nacional del Músico


23 enero, 2019


Desde el año 2014 se conmemora el Día Nacional del Músico.

La Cámara de Senadores convirtió en ley un proyecto venido en revisión de Diputados que declara al 23 de enero de cada año Día Nacional del Músico, en conmemoración del nacimiento de Luis Alberto Spinetta.

En relación con los motivos que llevaron a elegir la figura de Spinetta, tienen que ver con que más allá de su cualidad artística tuvo una actitud muy sólida con el apoyo activo a la Ley de la Música, así como a los artículos que se refieren a la música en la Ley de Medios.

Luis Alberto Spinetta nació en 1950, y es considerado uno de los más importantes artistas del rock en la Argentina.

Fue líder del grupo “Almendra”, la banda madre del rock nacional argentino, así como de “Pescado Rabioso”; “Invisible”; “Spinetta y los Socios del Desierto” y “Spinetta Jade”. Sus letras tienen una fuerte influencia de escritores, poetas y pensadores de la talla de Niestzche, Foucault y Jung.

Falleció el 8 de febrero de 2012, a los 62 años, y sus cenizas fueron esparcidas en el Río de la Plata, tal cual su última voluntad.

Un encuentro histórico de la música argentina

Este breve encuentro se produjo en 1990, cuando el músico salteño Gustavo Cuchi Leguizamón se encontraba grabando la música de la película La Redada que dirigió Rolando Pardo sobre un relato de Teuco Castilla.

La sala donde se grabaron las primeras pistas de la banda musical, se encontraba en una casa antigua que contenía otros pequeños estudios de grabación. En uno se encontraba Luis Alberto Spinetta que, como se sabe, era uno de los músicos del rock nacional que más horas le dedicaba al trabajo de grabación, experimentación y composición.

Cuando “El Flaco” se enteró por uno de sus músicos que ya había compartido algunas sesiones con el salteño, acerca de la llegada del Cuchi, se paró en la puerta a esperarlo.

Al rato llegó Leguizamón con su hijo Juan Martín y otros músicos. Y antes de cruzar el umbral, Spinetta le saltó al paso atajándolo. De rodillas y con las manos en rogativa, le espetó un emocionado “¡Maestro! ¡Maestro!”, a lo que El Cuchi contestó “¡Eh! ¡Chango loco, parate, dejate de macanear!”, y lo abrazó.

Según cuentan, El Cuchi lo había reconocido. Ya había escuchado la música de Spinetta a quien tenía como un gran innovador y buen poeta. El compositor salteño nunca dejaba de prestar oído a lo nuevo que se hacía en el país relacionado con la música, en cualquiera de sus géneros. De esta manera, hasta su casa llegaban compositores como León Gieco o Fito Páez, que comprendían más que sus contemporáneos la estética que Leguizamón buscaba en sus composiciones. Estas nuevas generaciones veían en él una especie de Villalobos andino, donde el folklore, sin dejar su profunda raíz, se renovaba y les poblaba los oídos con sones que hasta ese momento nadie había ejecutado.

Apremiados por las horas pactadas para usar el estudio de grabación, ambos músicos trataron de estirar la breve charla todo lo que pudieron, pero tuvieron que regresar a sus quehaceres, dejando como documento de ese encuentro, esta foto que hoy reproducimos.

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