César Isella: “Hoy nos hacen falta los grandes poetas del tango y el folclore”


22 octubre, 2018


César Isella: “Hoy nos hacen falta los grandes poetas del tango y el folclore”.

“Es algo que vengo pensando hace mucho tiempo: tuve una vida hermosa. Me pasaron cosas muy fuleras, pero siempre las transformé. Tuve mucha suerte, muchos buenos amigos, caí bien siempre en todos lados, hice lo que me gustó, y cuando no me gustó me fui…” A menos de una semana de cumplir 80 años, César Isella ensaya un balance al paso de su vida y pone todo a ganador.

Y enseguida cambia de frente y mira hacia adelante, de cara al recital de celebración que dará el sábado 20 de octubre en la Usina del Arte. “Ante todo, ¡no pienso morirme arriba del escenario!”, bromea. Y sigue: “Mi amigo Luis Landriscina va a ir, mi amigo Tarragó Ros -en verdad dice ‘Te agarró el arroz’, y se ríe-, la negra Chagra que es mi cumpa desde hace mucho, van a ir Los Fronterizos, uno de los hermanos Miranda (David), al que le decimos Cepita, porque no chupan vino”.

Isella ríe mucho. Y agradece también. En más de una hora y media de charla no hay un sólo gesto de fastidio, ni respuestas que disparen polémicas. Ni siquiera cuando aborda el capítulo Soledad, a quien “descubrió” y con quien hace mucho que ya no tiene relación.

En cambio, la palabra amigo será la que más repita, yendo de anécdota en anécdota. Desde la que cuenta que una charla compartida en Mendoza con Atahualpa Yupanqui -“sabía cómo meter miedo, y cómo manejar los tiempos”, dice-, Armando Tejada Gómez, Tito Francia, Oscar Matus “y una flaquita hermosa con cara aindiada” llamada Mercedes Sosa, lo conectó con “el Nuevo Cancionero”, y ya nada sería igual.

De ahí a dejar atrás, en 1966, su experiencia iniciática de 10 años como parte de Los Fronterizos medió sólo su decisión de levantar vuelo propio. “¿Ahora te vas? ¿Estás loco?”, dice que le preguntaron sus compañeros del grupo, que en el último año había vendido alrededor de un millón y medio de copias de la Misa Criolla. “Yo era inquieto, curioso. En Salta, cuando terminabas la primaria tenías que salir a laburar; qué es eso del secundario… Pero a mí, desde siempre me gustó la poesía. Ese era un poco mi destino”, cuenta.

En Salta, cuando terminabas la primaria tenías que salir a laburar; qué es eso del secundario… Pero a mí, desde siempre me gustó la poesía. Ese era un poco mi destino

Y resalta César la importancia de su abuela guitarrera, que había sido esposa de un comisario de campaña, y que una vez que había preparado la chicha y amasado el pan, tanto lo acercó a la canción como a Dios. A la tarde, tocaba, y a la mañana, temprano, iba a misa. Y con ella, él. “Si seguís, si querés ser ateo, te voy a entregar al dentista comunista de la otra cuadra que se come a los chicos como hacen en Rusia”, dice que lo amenazaba, cuando le reclamaba por el horario de conectar con el más allá.

“Resulta que a los 17 estaba con (Horacio) Guaraní y Los Fronterizos en Moscú, y miraba para todo lados, esperando el momento en el que nos vinieran a comer”, cuenta, ríe una vez más, y retoma: “El día que me casó Francisco, en marzo de este año, no pude dejar de pensar en ella. Decime si no es surrealista: el cantor que era comunista y que termina casado por el Papa en el Vaticano”

Y sí que suena surrealista. Tanto como imaginarlo recibiendo un “comunicado” de Albano Harguindeguy, en su condición de ministro del Interior de la dictadura de Jorge Rafael Videla, en el que le prohibía cantar Guantanamera. “Me dan la notificación del gordo (Harguindeguy), que incluía el tema Un amigo una flor una estrella. Cuando el jefe de policía me pide que le escriba las letras, lo hago –‘Un amigo, una flor y una estrella, no son nada/si no pones en ellos, un amigo, una flor, una estrella’-, y me pregunta qué tiene de malo. Y le respondo que el ministro pensaría que la estrella era la del ‘Che’ Guevara”.

-El Chaqueño Palavecino me dijo que la Dictadura, con el exilio de muchos creadores del folclore, marcó un quiebre en la calidad y la cantidad de producción de canciones y poesía del género. ¿Coincide?

-Me parece que hubo un corte a posterior de recuperar la Democracia, con la desaparición de nuestros poetas. Lamentablemente, Manuel (J. Castilla), Jaime (Dávalos) y Armando (Tejada Gómez) murieron jóvenes, increíblemente, con sólo 62 años (con un gesto, Isella sugiere que fue la bebida).

Los nombres apabullan por su peso poético. Sobre la mesa ratona, el disco Hombre en el tiempo da una dimensión de ello. Canciones con el crédito de nombres como Héctor Negro, José Pedroni, Nicomedes Santa Cruz, Pablo Neruda y el propio Tejada. “No era difícil codearse con ellos. Estaba la dignidad, y el respeto por el poeta. Además, después escuchaban la obra y no reclamaban”, dice.

-Muchas de esas canciones combinan un carácter popular con un tratamiento muy refinado del lenguaje. ¿Un creador debe adaptar su manera de escribir al modo en que el lenguaje evoluciona en la calle?

-En ese entonces, el concepto poético era de excelencia, y no se iba a cambiar por nada. De pronto aparecía alguno con alguna letra que alborotaba más, que era reclamadora, pero no había una escuela de buena poesía por un rato, y de una mala porque fuera necesario cantar algo en especial. Había una conducta poética, que también tenía que ver con lo político. Jaime, que creo que era peronista, tenía temas de protesta como su Canción del jangadero, pero también hizo Tonada del viejo amor. Es difícil fraccionar el trabajo poético. Fuego en Anymaná -Juan Carr me dijo que es el huayco dedicado al primer piquete- es una continuación del poema de Manuel J. Castilla De sólo estar. Luego, la suerte de la canción es la suerte que regularmente corre el artista que las interpreta.

Entre las tantas que hizo Isella, –Canción de las simples cosasCanción de lejosZamba del carpinteroCajita de música– Canción con todos es la que más alto vuelo levantó. “El compositor no mide las consecuencias que tiene una canción. Desde que dejé Los Fronterizos, nunca paré. Pero el tema de la militancia nos llevó mucho tiempo. Y cuando era secretario de Cultura ad honorem de la CGT de los Argentinos, conducida por Agustín Tosco, ocurrió el Cordobazo. Fue tremendo; todavía recuerdo quiénes les tirábamos hondazos a la policía”, reseña el cantor.

Fijate qué referentes teníamos: Luther King, Lumumba, el ‘Che’, los Beatles, el Mayo francés. Había muchos referentes que motivaban a trabajar poéticamente. Pero nunca llegamos al panfleto.

Y completa: “Después de eso tenía que viajar a Dominicana, luego a Panamá y a México, donde me doy de frente con lo que había sido la matanza de Tlatelolco. Y qué hice en le camino, esa melodía… (tararea la parte de ‘Salgo a caminar…’). Toda esa vivencia se traduce en una sola canción. Eso es Canción con todos. La síntesis de la composición es la siguiente: lo llamo a Armando a mi departamento, le encanta la melodía, se va a su casa, le salió ‘Salgo a caminar’…, vio un boliche, le pidió al mozo un lápiz, un papel y un vaso de vino, y a las 7 de la mañana me toca el timbre y dice: ‘Poeta a domicilio’. Y me tira la letra.”

-De algún modo, la canción surge de una mirada de nuestra América Latina de entonces. ¿Qué ve ahora?

-Preocupación. Fijate qué maravilla. Evo (Morales) ha transformado todo, y también la cabeza de los bolivianos. Cuando pidió cambiar la constitución para quedarse más tiempo, la gente dijo no. Quiere decir que el cambio ha sido profundo. Eso me parece súper interesante. Venezuela es un pueblo que no conozco mucho, pero me da mucha bronca, mucha pena. Y ni te cuento Nicaragua. Todos vimos una revolución sandinista maravillosa, pero este hombre está loco. No puede hacer lo que esta haciendo; está matando como en Venezuela, es un locura. Y ahora que viene el loco de la derecha en Brasil.

Una sonrisa permanente. es la que exhibe Isella, aún cuando repasa sus desilusiones. (Foto: Juano Tesone)

Una sonrisa permanente. es la que exhibe Isella, aún cuando repasa sus desilusiones. (Foto: Juano Tesone)

-¿Y la Argentina?

-Parece ser que estamos mirando qué va a pasar. Yo no voté a este gobierno, pero juro que recé para que le vaya bien. Pero no creo que nos salve el FMI. Y hay muchos pobres en la Argentina. Duele mucho.

-En algún momento, la canción era una herramienta que acompañaba la lucha, o la búsqueda de cambios.¿Cuál es su lugar, ahora?

-Es que, ¿dónde están lo poetas? Con Armando, o Yupanqui o Castilla, hoy haría una ópera. Yo no tengo capacidad; yo hago letras, a veces lindas. Hoy nos hacen falta los grandes poetas del tango y del folclore. No hay. No seamos nostálgicos, pero la nostalgia es hermosa, porque fue muy productiva. Pero fijate qué referentes teníamos: Luther King, Lumumba, el ‘Che’, los Beatles, el Mayo francés. Había muchos referentes que motivaban a trabajar poéticamente. Pero nunca llegamos al panfleto. Siempre hemos tratado de no ser panfletarios, y creo que lo logramos, porque muchas de esas canciones han quedado.

Del Partido Comunista a ser casado por el Papa, a los 79 y en el Vaticano 

“Jorge Bergoglio ama La Misa Criolla, y era muy amigo de Ariel Ramírez y de Felix Luna. Yo hice una gira por Israel, y con él recién ungido Papa, lo llamé a Juampi Cafiero, a quien no conocía, como sí a su familia. Le pregunté si me podía conseguir una audiencia, y cuando llegué a Buenos Aires tenía su invitación. Fuimos con mi hija y mi esposa, Graciela, le llevamos una guitarra, mi hija le hizo una canción, y a la vuelta teníamos una carta suya, manuscrita. ¿Quién hace esas cosas? Entonces, cuando el año pasado quedé viudo -de Iglesia-, por la muerte de mi primera esposa, le propuse a Graciela: ‘¿Te gustaría casarte por iglesia?’. Y ella que sí, que lo hiciéramos en la Catedral de Salta. Y yo le pregunté: ‘¿Y no te gustaría que sea en el Vaticano?’ Y ahí fuimos con mis hijos, a que nos casara Francisco. ¿No es surrealista?”, monologa Isella, que además cuenta que invitó al Papa a su cumpleaños y concluye: “¡Y me respondió!”

César Isella invitó al Papa Francisco a su cumple de 80, y su amigo le respondió de inmediato.

César Isella invitó al Papa Francisco a su cumple de 80, y su amigo le respondió de inmediato.

César Isella celebra sus 80 años el sábado 20 de octubre, a las 21, en la Usina del Arte, Caffarena 1 (y Pedro de Mendoza). Entrada libre y gratuita. 

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